miércoles, 18 de enero de 2017

BUCLE

Acabo de confirmarlo. Ahora sé que mi vida está en tus manos y por eso te odio. Quizá debería agradecer que me hayas revelado por fin tu presencia, pero ignoro si lo has hecho de forma consciente o simplemente te ha traicionado ese perverso sentido del humor que seguramente no puedes dominar.

Nunca lo habría sabido de no ser por esta afición que tengo a escribir. Disfruto inventando historias en las que heroicos personajes se enfrentan a situaciones adversas y despliegan todo su ingenio hasta salir airosos. Sin embargo, ya no me puede parecer casual que, cuando encuentran el amor, triunfan profesionalmente o les toca la lotería, mi vida continúe sin cambios, mientras que cualquier desgracia que les sucede a ellos se materializa para mí, tarde o temprano, de forma totalmente real. Ni tampoco que el tiempo que transcurre entre lo que escribo y lo que me ocurre haya ido reduciéndose paulatinamente, de modo que si escribo algo negativo por la mañana puedo tener la certeza de que lo lamentaré esa misma tarde. Así he podido intuir desde hechos intrascendentes, como que un conocido evite saludarme por la calle, hasta la quiebra de la empresa en la que trabajaba, el accidente de autobús en el que casi pierdo la vida, la desaparición de mi perro o el asesinato de mi mejor amigo. Ahora, mi condena a muerte y mi ingreso en la cárcel desde la que escribo estas líneas confirma definitivamente mis sospechas. Me has hecho entender que los avatares de mi vida no han sido fruto de la casualidad o de la mala suerte, sino del cruel empeño de una voluntad tan retorcida que se regocija en sembrar mi existencia de reveses cuidadosamente seleccionados entre los que yo mismo había imaginado para otros.

Tú eres mi autor y yo tu personaje. Pero al escribir este texto, te he convertido en personaje y ahora yo soy tu autor. Y en este preciso instante, lamentablemente, mueres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario