- Julio Verne: mi escritor favorito hasta los 12 años
- Robur el Conquistador (1886): aventuras en helicóptero, diez años antes del nacimiento de De La Cierva.
- H.G. Wells:
- La máquina del tiempo (1895): una hipótesis sobre la evolución futura de la humanidad.
- La isla del Doctor Moreau (1896): ¿se puede regalar la inteligencia?
- La guerra de los mundos (1898): a los que entendáis inglés, os recomiendo escuchar la versión radiofónica de Orson Welles (1938). Estremecedora.
- Stanislaw Lem:
- Diarios de las estrellas. Viajes (1971): paradojas y avances tecnológicos llevados al absurdo con un humor hilarante.
- Diarios de las estrellas. Viajes y Memorias (1971): continuación.
- Congreso de futurología (1971): similar.
- Adolfo Bioy Casares:
- La invención de Morel (1940): gustará especialmente a los amantes de la serie "Perdidos". Obligatorio leer el prólogo de Borges.
- Arthur C. Clarke:
- El león de Comarre (1948): si pudieses satisfacer instantáneamente todos tus deseos...
- Cita con Rama (1973): un asteroide va a pasar cerca del sol, pero quizá no sea una roca.
- 2001 Una Odisea Espacial (1968): el final de la novela es mucho más esclarecedor que el de la película.
- Isaac Asimov:
- Yo robot (1950): en esta antología de relatos Asimov inventa las 3 leyes de la robótica y luego se dedica a idear situaciones que las pongan al límite.
- Fundación (1951), Fundación e Imperio (1952), Segunda Fundación (1953): la trilogía original donde la psicohistoria aprende a predecir el futuro.
- El universo (1971): ensayo sobre el estado de la cosmología a finales de los 60. Apasionante.
- Los propios dioses (1972): especialmente fascinante la segunda de sus tres partes.
- Ray Bradbury:
- El hombre ilustrado (1951): un hombre tatuado...
- Fahrenheit 451 (1953): si habéis visto la película de Truffaut, ya sabéis de qué va.
- Frederik Pohl:
- Homo Plus (1976): los grandes proyectos (llevar un hombre a Marte) requieren grandes impulsos...
- Michael Crichton: muchas de sus novelas han sido llevadas (con éxito) al cine:
- Congo (1980): recomiendo también la adaptación cinematográfica.
- Esfera (1987): el inicio es muy intrigante (si no has visto la película).
- Parque Jurásico (1990): sobra hablar de la historia, pero no encontraréis otra novela donde la campana de Gauss forme parte de la trama. Argumento brillante, bastante infantilizado por Spielberg.
- Punto crítico (1996): no es ciencia-ficción pero sirve como un curso avanzado de aeronáutica. Los accidentes aéreos no tendrán secretos para vosotros.
- Rescate en el tiempo (1999): me gusta sobre todo la parte inicial (ciencia de vanguardia), el resto es de aventuras.
- Presa (2002): se pone a pensar hasta dónde puede llegar la nanotecnología y se le va la olla.
- Next (2006): lo que todo el mundo debería saber sobre manipulación genética. Tiene alguna escena de alto contenido sexual (aviso a navegantes).
- Orson Scott Card:
- El juego de Ender (1985): sólo un niño tiene los reflejos necesarios para enfrentarse a una colmena de alienígenas.
- La voz de los muertos (1986): continuación de la historia.
- Robert J. Sawyer
- Flashforward (1999): ¿qué pasaría si todo el mundo viese momentáneamente su futuro?
- Homínidos (2002), Humanos (2003), Híbridos (2003): trilogía en la que los Neandertales son la especie dominante en un universo paralelo.
- Andy Weir
- The martian (2014): cómo un hombre solitario puede usar la ciencia para sobrevivir en un planeta empeñado en liquidarle. Aunque hayáis visto la película, el libro os sorprenderá.
He creado este blog para publicar algunos de mis relatos. Si os gustan y queréis dejar un comentario, lo agradeceré.
jueves, 16 de febrero de 2017
RECOMENDACIONES
Para quienes me lo habéis pedido, os recomiendo algunas novelas y relatos de ciencia-ficción que me han gustado, ordenados por autores y año de publicación:
MENTIROSO CHAMÁN
Al ver por primera vez aquella roca que se había incrustado en el suelo después de provocar un intenso fulgor en el cielo, no se nos ocurrió pensar que podía estar viva. Su aparición resultaba un hecho extraordinario pero no sorprendente, pues conservamos en el Lugar Sagrado fragmentos rocosos que, según cuentan las leyendas de nuestros antepasados, también cayeron envueltos en fuego.
Cuando conseguimos localizar el lugar de la caída, el pedrusco estaba demasiado caliente como para intentar transportarlo o romperlo y, mientras esperábamos a que se enfriase, ocurrió el alumbramiento. Un orificio ovalado se abrió en la superficie todavía incandescente y, a su través, aquél objeto, que sin duda no era una roca, parió una diminuta criatura que enseguida comenzó a intentar reptar torpemente, ayudándose con los cinco apéndices que salían de su cuerpo. Estaba tapizado por una piel de polímeros desconocidos para nosotros, cuya transparencia permitía apreciar unas estructuras alargadas y rígidas rodeadas por material menos denso. Uno de los apéndices resultaba claramente diferente al resto, pues era bastante más corto y estaba doblemente protegido por un caparazón del mismo material rígido y además por una concha de sílice más externa, lo que nos hizo suponer que de algún modo era más importante. Los descoordinados movimientos de aquel ser me recordaron vagamente a los de un recién nacido y decidí llamarle Dan, que significa desastre. No parecía ser una amenaza, de modo que le llevamos ante el jefe de la tribu y éste, después de observar durante algún tiempo su evidente dificultad para desplazarse, dictaminó que el chamán debía intentar comunicar mentalmente con él, del mismo modo que hacía con los dioses y con las fuerzas de la naturaleza.
Se nos ordenó trasladar la criatura a la gruta del chamán, donde éste ejecutó incansablemente rituales ancestrales en los que fingía caer en trance y establecer aquella supuesta comunicación. No mucho tiempo después, cuando Dan dejó definitivamente de moverse, fuimos requeridos para colocarle en el altar de las rocas del cielo, donde permanecerá para servir de asombro a las generaciones futuras.Yo siempre había albergado dudas acerca de las facultades del chamán, ya que me costaba creer que pudiese establecer cualquier tipo de comunicación más allá de las ambiguas fantasías ideadas por un solitario anciano. Y este caso sirvió para confirmar mis sospechas. No pude creer ni uno solo de los delirantes detalles de la historia que contó y que, estoy seguro, se había inventado.
Nos dijo que Dan procedía de un pequeño mundo esférico que orbitaba en torno a una estrella tan lejana que ni siquiera era visible en el firmamento. Que en su lugar de origen no necesitaba ni la piel de polímeros, que para él era opaca, ni la concha de sílice, cuya transparencia le permitía mirar a su alrededor cuando salía de viaje. Que aquél pequeño mundo estaba habitado por millones de sus congéneres, cuyos cuerpos resultaban allí notablemente más ligeros que aquí, lo que les permitía usar sus apéndices para desplazarse con agilidad e incluso cooperar para construir rocas capaces de trasladarles de un extremo a otro del universo. Que había llegado hasta aquí por accidente, pues su destino era otro muy distinto. Que a nosotros nos llamaba "AMEBAS GIGANTES". Y que los nombres que usaba para referirse a su estrella, a su mundo y a sí mismo eran SOL, TIERRA y ASTRONAUTA.
Cuando conseguimos localizar el lugar de la caída, el pedrusco estaba demasiado caliente como para intentar transportarlo o romperlo y, mientras esperábamos a que se enfriase, ocurrió el alumbramiento. Un orificio ovalado se abrió en la superficie todavía incandescente y, a su través, aquél objeto, que sin duda no era una roca, parió una diminuta criatura que enseguida comenzó a intentar reptar torpemente, ayudándose con los cinco apéndices que salían de su cuerpo. Estaba tapizado por una piel de polímeros desconocidos para nosotros, cuya transparencia permitía apreciar unas estructuras alargadas y rígidas rodeadas por material menos denso. Uno de los apéndices resultaba claramente diferente al resto, pues era bastante más corto y estaba doblemente protegido por un caparazón del mismo material rígido y además por una concha de sílice más externa, lo que nos hizo suponer que de algún modo era más importante. Los descoordinados movimientos de aquel ser me recordaron vagamente a los de un recién nacido y decidí llamarle Dan, que significa desastre. No parecía ser una amenaza, de modo que le llevamos ante el jefe de la tribu y éste, después de observar durante algún tiempo su evidente dificultad para desplazarse, dictaminó que el chamán debía intentar comunicar mentalmente con él, del mismo modo que hacía con los dioses y con las fuerzas de la naturaleza.
Se nos ordenó trasladar la criatura a la gruta del chamán, donde éste ejecutó incansablemente rituales ancestrales en los que fingía caer en trance y establecer aquella supuesta comunicación. No mucho tiempo después, cuando Dan dejó definitivamente de moverse, fuimos requeridos para colocarle en el altar de las rocas del cielo, donde permanecerá para servir de asombro a las generaciones futuras.Yo siempre había albergado dudas acerca de las facultades del chamán, ya que me costaba creer que pudiese establecer cualquier tipo de comunicación más allá de las ambiguas fantasías ideadas por un solitario anciano. Y este caso sirvió para confirmar mis sospechas. No pude creer ni uno solo de los delirantes detalles de la historia que contó y que, estoy seguro, se había inventado.
Nos dijo que Dan procedía de un pequeño mundo esférico que orbitaba en torno a una estrella tan lejana que ni siquiera era visible en el firmamento. Que en su lugar de origen no necesitaba ni la piel de polímeros, que para él era opaca, ni la concha de sílice, cuya transparencia le permitía mirar a su alrededor cuando salía de viaje. Que aquél pequeño mundo estaba habitado por millones de sus congéneres, cuyos cuerpos resultaban allí notablemente más ligeros que aquí, lo que les permitía usar sus apéndices para desplazarse con agilidad e incluso cooperar para construir rocas capaces de trasladarles de un extremo a otro del universo. Que había llegado hasta aquí por accidente, pues su destino era otro muy distinto. Que a nosotros nos llamaba "AMEBAS GIGANTES". Y que los nombres que usaba para referirse a su estrella, a su mundo y a sí mismo eran SOL, TIERRA y ASTRONAUTA.
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