jueves, 16 de febrero de 2017

MENTIROSO CHAMÁN

Al ver por primera vez aquella roca que se había incrustado en el suelo después de provocar un intenso fulgor en el cielo, no se nos ocurrió pensar que podía estar viva. Su aparición resultaba un hecho extraordinario pero no sorprendente, pues conservamos en el Lugar Sagrado fragmentos rocosos que, según cuentan las leyendas de nuestros antepasados, también cayeron envueltos en fuego.

Cuando conseguimos localizar el lugar de la caída, el pedrusco estaba demasiado caliente como para intentar transportarlo o romperlo y, mientras esperábamos a que se enfriase, ocurrió el alumbramiento. Un orificio ovalado se abrió en la superficie todavía incandescente y, a su través, aquél objeto, que sin duda no era una roca, parió una diminuta criatura que enseguida comenzó a intentar reptar torpemente, ayudándose con los cinco apéndices que salían de su cuerpo. Estaba tapizado por una piel de polímeros desconocidos para nosotros, cuya transparencia permitía apreciar unas estructuras alargadas y rígidas rodeadas por material menos denso. Uno de los apéndices resultaba claramente diferente al resto, pues era bastante más corto y estaba doblemente protegido por un caparazón del mismo material rígido y además por una concha de sílice más externa, lo que nos hizo suponer que de algún modo era más importante. Los descoordinados movimientos de aquel ser me recordaron vagamente a los de un recién nacido y decidí llamarle Dan, que significa desastre. No parecía ser una amenaza, de modo que le llevamos ante el jefe de la tribu y éste, después de observar durante algún tiempo su evidente dificultad para desplazarse, dictaminó que el chamán debía intentar comunicar mentalmente con él, del mismo modo que hacía con los dioses y con las fuerzas de la naturaleza.

Se nos ordenó trasladar la criatura a la gruta del chamán, donde éste ejecutó incansablemente rituales ancestrales en los que fingía caer en trance y establecer aquella supuesta comunicación. No mucho tiempo después, cuando Dan dejó definitivamente de moverse, fuimos requeridos para colocarle en el altar de las rocas del cielo, donde permanecerá para servir de asombro a las generaciones futuras.Yo siempre había albergado dudas acerca de las facultades del chamán, ya que me costaba creer que pudiese establecer cualquier tipo de comunicación más allá de las ambiguas fantasías ideadas por un solitario anciano. Y este caso sirvió para confirmar mis sospechas. No pude creer ni uno solo de los delirantes detalles de la historia que contó y que, estoy seguro, se había inventado.

Nos dijo que Dan procedía de un pequeño mundo esférico que orbitaba en torno a una estrella tan lejana que ni siquiera era visible en el firmamento. Que en su lugar de origen no necesitaba ni la piel de polímeros, que para él era opaca, ni la concha de sílice, cuya transparencia le permitía mirar a su alrededor cuando salía de viaje. Que aquél pequeño mundo estaba habitado por millones de sus congéneres, cuyos cuerpos resultaban allí notablemente más ligeros que aquí, lo que les permitía usar sus apéndices para desplazarse con agilidad e incluso cooperar para construir rocas capaces de trasladarles de un extremo a otro del universo. Que había llegado hasta aquí por accidente, pues su destino era otro muy distinto. Que a nosotros nos llamaba "AMEBAS GIGANTES". Y que los nombres que usaba para referirse a su estrella, a su mundo y a sí mismo eran SOL, TIERRA y ASTRONAUTA.

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